Diarrea legislativa española


El PP está encantado de haberse conocido, y “presentan” como gran logro la aprobación de cien nuevas leyes, que se dice pronto. Y es que el papel lo aguanta todo… Más en un país como este, dónde se legisla mal y apresuradamente, a golpe de suceso noticiero o titular de periódico.

Estoy seguro de que los electores, que no somos tontos del todo, tomaremos buena nota de la barbaridad que supone la continúa modificación de leyes, con parches, apaños, arreglos –o debería decir chapuzas-, destinadas en la práctica totalidad de los casos a preservar la impunidad del poder, la pérdida de derechos de los ciudadanos, y auténticos atropellos a los derechos sociales, políticos y económicos de todos.

No se ha hecho lo que había que hacer: cerrar o vender la práctica totalidad de las empresas públicas (más de dos mil quinientas, que se dice pronto), suprimir el Senado y las diputaciones provinciales, agrupar los más de ocho mil ayuntamientos en dos mil o tres mil, echar a la calle a todo el personal eventual, de confianza, interinos, sustitutos y prostitutos, contratados temporales y, sobre todo asesores, de esos que en nada asesoran, pues la mayoría no saben hacer una o con un canuto. Y a los que habría que llamar “comisarios políticos”, pues es lo que son realmente…

El PP pretende vendernos la burra de su competencia, cobardía y pasotismo, “ofreciéndonos” cien leyes más, cuándo lo que sobra es legislación, y lo que falta es su cumplimiento, voluntario o coactivo.

Tenemos 18 parlamentos legislando a todo tren, y no incluyo al Senado pues todos sabemos que no sirve para nada, con una población de cuarenta y siete millones de personas, más o menos.

¡Somos una auténtica locomotora jurídica promulgando leyes y normas reglamentarias que todos sabemos nadie va a cumplir!

En su día cursé la Licenciatura en Derecho en la antaño prestigiosa Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza, con sus veinticinco asignaturas. Y como decía un compañero y amigo, “cada asignatura era una oposición”.
Estudié poco, la verdad, pues no tenía mucho tiempo, ya que trabajaba y estudiaba a la vez. Pero sí asistía a todas las clases que podía, y gracias a la memoria conseguí acabar la carrera, eso sí, a trancas y barrancas, y con unas calificaciones que producen vergüenza propia…

Estaba convencido de que ya sabía algo de derecho, pues tenía los conceptos básicos aprehendidos, o al menos eso creía yo, pues en los últimos tiempos las cosas han cambiado una barbaridad, y siempre a peor.

Los profesores de derecho penal, por ejemplo, auténticas figuras del derecho, como don Luis Gracia Martin, nos decían que en el derecho penal no cabe la analogía, hasta que vi que se aplicaban criterios analógicos entre diversos delitos, condenando a personas por delitos de los que nadie les había acusado.

O que las personas jurídicas no delinquen, pero el nuevo código penal ha venido a establecer que aquí pueden delinquir todas las personas, tanto las físicas como las jurídicas, a excepción, claro está, de los políticos de alto lustre y los miembros de la familia real, que hasta ahí podríamos llegar…

Y en los últimos dos años, más o menos, todo lo que sabía se ha ido por el sumidero, pues los señores del PP, incapaces de reformar las administraciones públicas, de reducir el excesivo empleo público, de reducir las numerosas administraciones públicas, o de reformar la quebrada seguridad social…, se han “entretenido” promulgando nuevas leyes, seguramente para hacer ver como hacían la reforma que no querían hacer, que no han hecho, desaprovechando así una oportunidad histórica, con una mayoría absoluta que previsiblemente nunca más volverán a tener.

Pero son tantas y tan variadas las nuevas leyes que ya no se si volver a matricularme en la Facultad, en el primer curso del Grado de Derecho, para ser más exactos, a ver si consigo enterarme de que dice el código penal actual, por ejemplo, o la nueva ley de procedimiento administrativo, o el estatuto de los trabajadores y la ley de procedimiento laboral (o de la jurisdicción social) actual, etc.

¿De verdad creen ustedes, señores del PP, que promulgando un montón de leyes van a conseguir que la sociedad española actúe dentro del Derecho, cuándo los políticos son los primeros que se pasan las normas jurídicas por el forro…?

Desgraciada es la sociedad dónde hay tantas leyes, y se modifican de un día para otro, pues en esa sociedad no existe ni se respeta el ordenamiento jurídico. Como sucede en la España actual, sin ir más lejos.

Publicado por Decisión Económica (22/10/2015), El Confidencial Digital, Heraldo Sanitario de Oregón y Sierra Norte Digital (23/10/2015) y La Tribuna del País Vasco (25/10/2015)

comentarios
  1. ramón |
  2. Francha |