Pedro Sánchez en Estrasburgo; sentí vergüenza ajena


Viendo la  intervención del chulo de la Moncloa, ayer sentí vergüenza ajena.

Entró en la Eurocámara mirando a todos por encima del hombro, con ese comportamiento de macarra que tiene, y al que no ayudan mucho sus trajes, que debe hacerle su peor enemigo, y que le dan un aspecto siniestro y patibulario.

Iba a explicar su gestión como  presidente de turno de la UE, y obviamente, no había nada que explicar, pues nada hizo durante los seis meses de presidencia rotatoria de España, tan ocupado como estaba por seguir en la Moncloa, viajando en Falcon, y de vacaciones en la Mareta.

La emprendió a insultos contra el presidente del partido popular europeo, un señor alemán que es un caballero, como son los alemanes, serios, trabajadores, puntuales, ahorradores…

Hasta le llamo nazi, como si ese eurodiputado tuviera algo que ver con el nazismo y la segunda guerra mundial.

Una vez que terminó su intervención, más bien deposición, Pedro Sánchez se marchó, sin tener la educación y cortesía parlamentaria de escuchar la réplica del  señor a quien había despreciado, e injuriado gravemente, reprochándole que en sus veinte años de eurodiputado, todavía no conocía bien España.

No sé si Sánchez conoce nuestra Patria,  o no, pero lo que sí tengo claro es que lleva cinco años engañándonos a casi todos.

Siento vergüenza ajena de ver cómo nos ha dejado a los españoles, a los pies de los caballos.

Pero su intervención ha sido útil, muy útil, pues se ha quitado la careta, y creo que desde ayer, sólo podrá engañar en la UE a los que se quieran dejar engañar…

Por supuesto los eurodiputados “socialistos”, estómagos agradecidos, aplaudieron a rabiar, en la seguridad de que arrieros somos, y en el camino  nos encontraremos, y dentro de seis meses, escasos, veremos cuántos de ellos consiguen seguir disfrutando de grandes sueldazos, exenciones fiscales y privilegios varios.

Ayer fui un día triste para los españoles de bien, que creo pensar somos mayoría, pues Sánchez dio una imagen lamentable de sí mismo y del gobierno que teóricamente preside, pero solo teóricamente, pues aquí los que mandan de verdad son los terroristas y separatistas.

Y, por supuesto, siguiendo con su cinismo ad nauseam, no se saludó con Puigdemont, su compañero de cama. (Hay compañeros de cama que no  son presentables en sociedad).

Salió de la Eurocámara entre los abucheos de la mayoría de los parlamentarios, que no habían visto a semejante gañán en vivo y en directo, con unos “modales” más propios de Maduro.

Publicado en El Criterio (14/12/2023), Periodista Digital  y El Español Digital (15/12/2023), Heraldo de Oregón (18/12/2023) y El Diestro (27/12/2023)

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